Tuesday, May 11, 2010

¡Que los del medio no se preocupen pues viven mejor!

Cuando Robinson Crusoe le comenta a sus padres que quiere irse de la casa para explorar el mundo, su padre, un hombre aparentemente muy sabio y entrado en años le explica las virtudes de pertenecer al estrato medio al que ellos pertenecen. Éste se adentra en la explicación, argumentando que la felicidad es mucho mayor entre aquellos que están precisamente en el medio de los más ricos y los más pobres, y por lo tanto, no es necesario buscar nada más allá de eso. Por un lado, los ricos deben enfrentar las envidias, celos y problemas que trae ser altamente conocido, altamente adinerado y altamente popular. Y las desdichas de los pobres nadie las pone en duda. Estar en el medio asegura, según dice el viejo sabio, alcanzar la felicidad plena de la vida.


El padre incluso le menciona que los reyes han lamentado frecuentemente las miserables consecuencias de haber nacido entre tanta grandeza, y habrían deseado nacer entre los dos extremos; entre el más pequeño y el más grande. Más aún, los más sabios han dado testimonio que la mayor y verdadera felicidad se encuentra cuando no se tiene ni pobreza ni riqueza.


Todo ello, para tratar de persuadir a Robinson Crusoe que no se aventurara a explorar el mundo, y se dedicara a los negocios familiares llevando una vida digna y tranquila. La historia sigue y para ello queda todo el libro. No obstante, vale la pena reseñar que el joven Crusoe no le hace caso a su padre y finalmente se le presenta la opción de tomar un barco a Londres, opción que acepta sin tan siquiera consultar con sus padres. A partir de ahí iniciaron sus aventuras o ¿desventuras?…


La historia en el fondo encierra una gran enseñanza: las virtudes de mantener el justo balance. Balance que ha de ser aplicable no sólo a la vida individual, sino también (¿y por qué no?) a la de los Estados. Balance que ha de ser aplicado a la vida privada pero también, y fundamentalmente, a la pública. De manera que, en resumidas cuentas el papá de Robinson Crusoe nos enseña que tantas penas sufre el rico como el pobre, pero no tantas sufre el que está en la mitad. Y mejor si está en la parte más alta de ese grupo del medio. De tal forma que lo mejor es; evitar los extremos.


En el plano individual, esta enseñanza pareciera ser bastante válida. Los realmente ricos son, en muchos casos, bastante ambiciosos, incluso a niveles patológicos. No por casualidad la ambición a ese extremo es un antivalor. Por el otro lado, algunos de los más rezagados son también bastante relajados y esperan que todo les sea proveído por alguien más, degenerando en antivalores como la vagancia, el conformismo y la desidia.


No son pocos los famosos, artistas y personalidades que dicen añorar sus días de anonimato para evitar tanto problema. Tiger Woods probablemente hubiera deseado no ser tan conocido cuando estrelló el carro al frente de su casa luego de que su esposa se dio cuenta de las infidelidades. La lista puede seguir, pues hay muchos casos con un enjuiciamiento más fuerte sobre esas personas que llamamos modelos a seguir por su popularidad e importancia. El precio de la fama dirían algunos.


Pero también es cierto que son los multimillonarios los que normalmente andan con guardaespaldas, en carros blindados y temiendo por la seguridad e integridad de su familia y la de ellos mismos. Esos que por su ambición han podido (y querido) hacerle daño a otros, y que por consiguiente, viven con el constante temor de la venganza.


El otro lado de la historia también muestra una clara infelicidad. Nadie duda de los problemas y calamidades que sufren aquellos que nada tienen. Pensemos en los miles de millones que no logran ni siquiera consumir el mínimo de alimentos necesarios al día. Y a partir de ahí podemos sumar otras penas; no tener hogar, no tener servicios básicos, vivir en zonas de guerra, etc.


Pero los que viven en la clase media, y en específico en la clase media alta, pareciera que en efecto se ahorran muchas de estas y otras complicaciones.


Si aplicamos la misma lógica a otro nivel, podría decirse entonces que los países más desarrollados y ricos, así como los más rezagados y pobres se enfrentan a problemas que los países “de la mitad” no sufren, y que por derivación, ¡en éstos se vive mejor!


En efecto, hay países grandes y ricos en recursos que viven muy bien pero que a la vez generan grandes recelos y se enfrentan a serios problemas por su propia naturaleza. Tal es el caso, de las grandes potencias que hoy se enfrentan a fuertes y serias amenazas de terrorismo, sólo por poner un ejemplo. No es para nada agradable vivir en un barrio rodeado de soldados porque en cualquier momento una bomba estalla en el metro, o se parquea un coche bomba al frente de nuestra casa o tienda favorita. La otra historia tampoco es agradable, países sumidos en gran pobreza, corrupción, desigualdad y manipulación política y económica. En esos donde la ley no existe, no hay reglas claras y lo que hoy tengo mañana lo podría perder si al político de turno se le ocurre que mi casa o propiedad ahora es parte de una reforma agraria, o se convierte en propiedad del Estado.


Los países del “medio” parecieran abstraerse de algunos de estos serios problemas. Y pienso en ejemplos como Suiza, los países escandinavos, Canadá y Australia por mencionar algunos, que claramente son desarrollados, pero no necesariamente los que se ubican en los extremos.


Todo esto a propósito de que Costa Rica es el país más feliz del mundo. Yo no me atrevo a decir que vivimos en el país más feliz del mundo, pero aplicando la enseñanza de Crusoe padre, pareciera que sí somos parte de un grupo selecto, ubicado en la parte del medio, que nos asegura cierto nivel de felicidad. Mayor a la del grupo de los más pobres y aparentemente, también mayor a la de aquellos que se ubican en el extremo de los más ricos-desarrollados.


El reto consiste, en lograr que Costa Rica sea el mejor de ese grupo del medio. El mejor pero sin excesos, manteniendo ese balance del viejo sabio Crusoe: sin ambiciones obscenas ni conformismos repugnantes. Y ahí es donde nos hace falta seguir trabajando. ¡Con eso yo estaría aún más feliz!


Steffan G.C.

2 comments:

Gustavo Adolfo Chaves said...

Sí, bueno. Robinson Crusoe es una historia bastante ad hoc. ¿Por qué no Magallanes o Marco Polo o, ya que para allá vamos, el famoso Franklin Chang? "¿La luna? No, muchacho, usted es tico y clase media. Sea feliz: vaya enseñe Introducción a la Física en los cursos de verano de la UCR y después se va a la playa a ver chavalas guapas. ¿Para qué complicarse yéndose a vivir a un país rico donde la gente es tan fría y la competencia es tan fuerte? Viva feliz."

No te falta espacio, Teto, para explicar los riesgos de ser rico y las tristezas de ser pobre. Tal vez hace falta un parrafito para adentrarse en los enormes problemas de esa otra enfermedad social nuestra: la medianía y su correlato, la mediocridad.

Porque si querés argumentar que Costa Rica es un país feliz por estar en el medio, tenés que enfrentarte al hecho bastante notorio de que vamos en retroceso. La seguridad es fatal (no para los ricos: para cualquier bombeta que tenga un celular o un carro normalito), hay un enorme deterioro en la educación y la salud; las brechas sociales son cada vez más amplias (y esto lo dice el Estado de la Nación, no yo). Y habría que preguntarse, para ser consecuentes, hasta qué punto estos fenómenos no se deben a nuestro corronguismo tropical, a nuestro "aquí no se ha sentido la crisis", a nuestro "somos el país más feliz del mundo". De tanto estar posando lindos para la foto, el viento nos ha ido despeinando, Teto. Y ya nos vemos un poco ridículos.

Suiza, los países escandinavos, Canadá y Australia están TODOS entre los 10 países con mayores índices de desarrollo humano en el mundo. Si eso para vos es estar en el medio, yo me apunto. Pero sólo a condición de que te enterés que, según vos, estar en el medio es estar en la cima.

Vivir felices porque somos un país desconocido al que no llegarán nunca los terroristas es igual de indolente que vivir felices porque no vivimos en África y no pasamos hambre. Hay una emoción humana que yo personalmente valoro más que la felicidad (que es bastante subjetiva y peregrina), y es la capacidad de indignarse y denunciar que algo, aunque no nos toque directamente, es injusto, cruel e irracional. Pensar que estamos muy lejos del terrorismo y del hambre es la manera más efectiva de permitirles a estas plagas que prevalezcan.

En todo caso, ¿qué más terrorismo y pobreza que la violencia doméstica, los asesinatos por cien mil pesos, y la desintegración sistemática de ese estrato tuyo tan querido (la clase media) en favor de un reducido grupo de tecnócratas por un lado, y de un montón de nuevos pobres por el otro? Problemas no nos faltan; y son de los que no se solucionan sólo con mirar alegres al futuro.

Yo quiero ser como esos reyes que no envidian ya nadita. Y quiero que más gente pueda estar igual de bien. Y con todo el corazón: Yo SÍ envidio los goces de Europa. Precisamente porque esos goces cuestan mucho y no se logran simplemente tirándosela rico sin afanarse por nada.

Steffan G.C. said...

Gracias por el comentario Tavo, sin duda es un gusto leer tus reacciones.

Y pues estoy de acuerdo con vos. Mi punto con el artículo es precisamente ese, el balance. No sé si de pronto mi punto no queda bien explicado. Pero enseñar cursos de física y después irse a ver chavalas guapas como dices vos, está precisamente en los extremos, en este caso, del conformismo y mediocridad, que también criticas y con el que estoy 100% de acuerdo.

Mi punto con este Blog es uno sólo, evitemos los excesos. Yo no quisiera comerciantes ambiciosos inescrupulosos en este país, pero tampoco los muchos vagos y "peleles" que quieren llevarla suave. Si el país va para atrás como decis vos, precisamente hay que volver a encontrar el balance adecuado. Mayor seguridad, mejor y más trabajo, más altas aspiraciones como nación y como personas, etc. Pero ni vendamos al país al mejor postor (las playas ya ni las podemos disfrutar), ni tampoco creamos que esto se soluciona quemando palos y llantas por cualquier cosa, porque "la clase dirigente" no importa lo que haga, siempre es incorrecto. ¿Me explico? Evitemos esos extremos!!

Finalmente, Suiza y compañía, claramente están en el top de desarrollo humano, pero no han sido necesariamente, los países tradicionalmente más ricos. Quiero decir, tienen ese desarrollo porque precisamente han logrado encontrar un balance entre desarrollo económico y políticas de seguridad social. ¿Cuántos países desarrollados y nuevos mercados no gozan de ese equilibrio que sin duda da felicidad?

Ese es el balance al que me refiero, debemos aspirar. Ni capitalistas desenfrenados, ni socialistas ilusos. Y creo que en el fondo, ese es el debate que seguimos sin resolver...

Por eso no somos los más felices, pero podemos aspirar a serlo, tenemos la materia prima adecuada, ahora hay que darle el valor agregado. Vos sabes, no dejaré de ser soñador a pesar de todo...

Saludos,

Steffan G.C.