Saturday, May 22, 2010

Gobiernos de coalición. Mejores??

Aclaración: este es un post para los colegas politólogos. Pues dudo (me alegraría equivocarme) que a alguien fuera de estas aguas "pantanosas" de la Ciencia Política le interese leer sobre el modelo de democracia británico y los gobiernos de coalición europeos.

Este es un link al Blog de Josep Colomer a propósito de las elecciones en el Reino Unido. Lo cito acá porque me llamó la atención en particular una de sus aseveraciones:

"...most European countries for most of the time at least since WWII have multiparty coalition governments. That's normal politics. Otherwise, how one can pretend to rule healthy a country with only 35 or 36% popular support"

¿Será entonces que la clave para el buen actuar político está en la conformación de coaliciones responsables, más que en buscar sistemas de mayoría que aseguren gobernabilidad?

Me puso a pensar que nuestro país tiene desde hace ya algún tiempo gobiernos con apoyo popular menor al 35% en términos reales (tomando en cuenta el total del padrón electoral). Claramente, no tenemos gobiernos de coalición (coalición de partidos), porque tenemos un régimen presidencialista. Sin embargo, la poca capacidad para lograr "coaliciones" de tipo legislativo y aprobar grandes temas de interés nacional, reflejan los bajos niveles de diálogo entre las múltiples fuerzas representadas en el Congreso. Tal parece, bastante lejos de los niveles de diálogo que implican, formar coaliciones para gobernar naciones como Alemania, Francia, Reino Unido, Dinamarca, etc.

Me llena de esperanza la estrategia de la nueva Presidenta, que ha sido precisamente, buscar primero los puntos de acuerdo para caminar sobre "terreno común" y dejar para después, el terreno escabroso. Ojalá y estemos frente a un gobierno de "coalición de agenda", ya que "coalición de partidos" no podremos tener. Eso sería un muy buen inicio para ejercitar esa falta de diálogo que ha caracterizado la política costarricense desde que nos enfrentamos a un esquema multipartidista.

Acá los dejo con el link de Colomer. Un intercambio de reflexiones interesantes:

http://jcolomer.blogspot.com/2010/05/letters-to-english-friend-these-are_13.html#links


Steffan G.C.

Tuesday, May 11, 2010

¡Que los del medio no se preocupen pues viven mejor!

Cuando Robinson Crusoe le comenta a sus padres que quiere irse de la casa para explorar el mundo, su padre, un hombre aparentemente muy sabio y entrado en años le explica las virtudes de pertenecer al estrato medio al que ellos pertenecen. Éste se adentra en la explicación, argumentando que la felicidad es mucho mayor entre aquellos que están precisamente en el medio de los más ricos y los más pobres, y por lo tanto, no es necesario buscar nada más allá de eso. Por un lado, los ricos deben enfrentar las envidias, celos y problemas que trae ser altamente conocido, altamente adinerado y altamente popular. Y las desdichas de los pobres nadie las pone en duda. Estar en el medio asegura, según dice el viejo sabio, alcanzar la felicidad plena de la vida.


El padre incluso le menciona que los reyes han lamentado frecuentemente las miserables consecuencias de haber nacido entre tanta grandeza, y habrían deseado nacer entre los dos extremos; entre el más pequeño y el más grande. Más aún, los más sabios han dado testimonio que la mayor y verdadera felicidad se encuentra cuando no se tiene ni pobreza ni riqueza.


Todo ello, para tratar de persuadir a Robinson Crusoe que no se aventurara a explorar el mundo, y se dedicara a los negocios familiares llevando una vida digna y tranquila. La historia sigue y para ello queda todo el libro. No obstante, vale la pena reseñar que el joven Crusoe no le hace caso a su padre y finalmente se le presenta la opción de tomar un barco a Londres, opción que acepta sin tan siquiera consultar con sus padres. A partir de ahí iniciaron sus aventuras o ¿desventuras?…


La historia en el fondo encierra una gran enseñanza: las virtudes de mantener el justo balance. Balance que ha de ser aplicable no sólo a la vida individual, sino también (¿y por qué no?) a la de los Estados. Balance que ha de ser aplicado a la vida privada pero también, y fundamentalmente, a la pública. De manera que, en resumidas cuentas el papá de Robinson Crusoe nos enseña que tantas penas sufre el rico como el pobre, pero no tantas sufre el que está en la mitad. Y mejor si está en la parte más alta de ese grupo del medio. De tal forma que lo mejor es; evitar los extremos.


En el plano individual, esta enseñanza pareciera ser bastante válida. Los realmente ricos son, en muchos casos, bastante ambiciosos, incluso a niveles patológicos. No por casualidad la ambición a ese extremo es un antivalor. Por el otro lado, algunos de los más rezagados son también bastante relajados y esperan que todo les sea proveído por alguien más, degenerando en antivalores como la vagancia, el conformismo y la desidia.


No son pocos los famosos, artistas y personalidades que dicen añorar sus días de anonimato para evitar tanto problema. Tiger Woods probablemente hubiera deseado no ser tan conocido cuando estrelló el carro al frente de su casa luego de que su esposa se dio cuenta de las infidelidades. La lista puede seguir, pues hay muchos casos con un enjuiciamiento más fuerte sobre esas personas que llamamos modelos a seguir por su popularidad e importancia. El precio de la fama dirían algunos.


Pero también es cierto que son los multimillonarios los que normalmente andan con guardaespaldas, en carros blindados y temiendo por la seguridad e integridad de su familia y la de ellos mismos. Esos que por su ambición han podido (y querido) hacerle daño a otros, y que por consiguiente, viven con el constante temor de la venganza.


El otro lado de la historia también muestra una clara infelicidad. Nadie duda de los problemas y calamidades que sufren aquellos que nada tienen. Pensemos en los miles de millones que no logran ni siquiera consumir el mínimo de alimentos necesarios al día. Y a partir de ahí podemos sumar otras penas; no tener hogar, no tener servicios básicos, vivir en zonas de guerra, etc.


Pero los que viven en la clase media, y en específico en la clase media alta, pareciera que en efecto se ahorran muchas de estas y otras complicaciones.


Si aplicamos la misma lógica a otro nivel, podría decirse entonces que los países más desarrollados y ricos, así como los más rezagados y pobres se enfrentan a problemas que los países “de la mitad” no sufren, y que por derivación, ¡en éstos se vive mejor!


En efecto, hay países grandes y ricos en recursos que viven muy bien pero que a la vez generan grandes recelos y se enfrentan a serios problemas por su propia naturaleza. Tal es el caso, de las grandes potencias que hoy se enfrentan a fuertes y serias amenazas de terrorismo, sólo por poner un ejemplo. No es para nada agradable vivir en un barrio rodeado de soldados porque en cualquier momento una bomba estalla en el metro, o se parquea un coche bomba al frente de nuestra casa o tienda favorita. La otra historia tampoco es agradable, países sumidos en gran pobreza, corrupción, desigualdad y manipulación política y económica. En esos donde la ley no existe, no hay reglas claras y lo que hoy tengo mañana lo podría perder si al político de turno se le ocurre que mi casa o propiedad ahora es parte de una reforma agraria, o se convierte en propiedad del Estado.


Los países del “medio” parecieran abstraerse de algunos de estos serios problemas. Y pienso en ejemplos como Suiza, los países escandinavos, Canadá y Australia por mencionar algunos, que claramente son desarrollados, pero no necesariamente los que se ubican en los extremos.


Todo esto a propósito de que Costa Rica es el país más feliz del mundo. Yo no me atrevo a decir que vivimos en el país más feliz del mundo, pero aplicando la enseñanza de Crusoe padre, pareciera que sí somos parte de un grupo selecto, ubicado en la parte del medio, que nos asegura cierto nivel de felicidad. Mayor a la del grupo de los más pobres y aparentemente, también mayor a la de aquellos que se ubican en el extremo de los más ricos-desarrollados.


El reto consiste, en lograr que Costa Rica sea el mejor de ese grupo del medio. El mejor pero sin excesos, manteniendo ese balance del viejo sabio Crusoe: sin ambiciones obscenas ni conformismos repugnantes. Y ahí es donde nos hace falta seguir trabajando. ¡Con eso yo estaría aún más feliz!


Steffan G.C.