Monday, September 21, 2009

Yo no envidio los goces de Europa

Siempre me he considerado un Tico de hueso colorado. Como uno de esos aficionados del Saprissa o la Liga que comúnmente llamamos "envenenados". Pues así soy yo, un Tico envenenado, de hueso colorado y a mucho orgullo.

Sin embargo, a veces me pregunto, cuál es la razón de ello? Quiero decir, tuve una educación muy similar a muchos otros amigos y amigas, y sin embargo varios de ellos, a los que estimo tremendamente, reniegan de Costa Rica e incluso la ridiculizan. En fin, no tengo claro cuál es la explicación para que yo sea tan "nacionalista" en el buen sentido de la palabra. Pero indiferentemente de eso, sí me preocupa volverme minoría!!!

Cuando era pequeño recuerdo claramente cómo en Tabarcia de Mora salíamos a cantar el himno y hacer el saludo a la bandera, mientras los mejores estudiantes tenían el honor de izar la bandera. Cantar el himno entonces me erizaba la piel. Después llegué a Heredia y la historia era similar, aunque debo admitir que con menos intensidad por alguna extraña razón. En fin, igual cantaba el himno y se me erizaba la piel. De manera que siempre me gustaron las fiestas nacionales, los símbolos patrios y sobre todo las canciones e himnos patrios. Ya entrado en el colegio y con algunas de mis inquietudes políticas en pañales, le puse mejor atención a una de mis canciones favoritas, La Patriótica Costarricense. Y cantándola me preguntaba si de verdad no teníamos nada que envidiar, cuando cantaba la tercera estrofa: "yo no envidio los goces de Europa, la grandeza que en ella se encierra, es mil veces más bella mi tierra con su palma su brisa y su sol". Yo era un joven colegial que cantaba a todo pulmón, que no envidiaba los goces del viejo continente, sin tan siquiera saber cuáles eran esos goces. Esa idea siempre me dejó insatisfecho.

Hoy después de año y medio de vivir en Alemania y haber tenido la oportunidad de conocer un poco de ese viejo continente, he podido encontrar algunas de las respuestas para reducir (o incrementar?) esa insatisfacción. En efecto mi tierra es bella con su palma, su brisa y su sol. De hecho me muero de ganas por disfrutar de esas maravillas naturales. Pero ciertamente, estoy convencido, de que sí tenemos muchas cosas que envidiar a Europa. Y no sólo eso, deberíamos tomar el buen ejemplo, adaptarlo a nuestra idiosincracia y ponerlo en práctica. Es más, siento que hace unos años éramos más parecidos como sociedad a Europa, de lo que somos hoy. Pongo algunos ejemplos:

- Tuve la oportunidad de ver cómo algunos muy pequeños campesinos ponen sus productos con los precios y una canasta con un poco de menudo afuera de la casa. La dinámica es muy sencilla, usted se lleva lo que quiere, saca la cuenta y deja la plata. Yo tampoco lo creería si no lo hubiera visto.
- Un joven pone los pies en el sillón del bus y otro pasajero (también relativamente joven), le dice que eso no es correcto. El tipo se avergüenza y de inmediato baja sus pies del asiento. Tratando de imaginarme la misma situación en mi bello país, no puedo más que prever un desenlace totalmente diferente.
- Uno que aún hoy me sigue intrigando. Viviendo en Alemania, con la cantidad de cerveza que se consume, aún no he presenciado un pleito de borrachos ni desorden similar a los múltiples que pasan en mi bella tierra en un normal viernes de copas. Ni qué decir si tomo como referencia fiestas como las de Palmares, o los famosos topes alrededor del país, con la manada de matones que asisten.
- Es un gusto ver cómo los bienes públicos son cuidados. El caso del bus es uno de esos, pero hay muchos más. El mejor indicador (para mí), son los teléfonos públicos.; están todos en buen estado y normalmente muy limpios. Y le podemos sumar los parques públicos, las paradas de buses, las estaciones de trenes, las zonas de fumado, los basureros, etc. Todo en orden y bien cuidado. Me he quedado con las ganas de ver un alemán destrozando un teléfono público por pura maldad, o tirando la basura por la ventana de un carro o bus. Eso es imposible acá. Pero, y allá?
- Una mejor. Un día de locos en la Universidad, bajo de la biblioteca a dejar mis cosas en el casillero e irme a almorzar. Cuando vengo de regreso a la biblioteca, busco la llave del casillero en la bolsa del pantalón y no la encuentro. Me regreso a buscarla al comedor y no la encuentro. Ni modo, pensando en la regañada que algún alemán me iba a dar por descuidado y perder la llave me devuelvo a la biblioteca tratando de decir algo que suavizara la bien merecida regañada que me esperaba. Para mi sorpresa, entro y la llave está pegada al casillero, ahí la dejé. Guardé todo y olvidé tomar la llave. Cuando llego y abro mi casillero, unas muchachas a la par ven mi cara de alivio y me dicen: "Ahh yo ví que dejaron la llave pegada, varios lo han abierto creyendo que el casillero estaba vacío". Por supuesto reviso todas mis pertenencias y no faltaba ni un sólo lapicero. De inmediato me vino un sólo pensamiento: si esto hubiera pasado en mi país, ya no tendría laptop.

Y puedo seguir con más ejemplos como el pago de tiquetes en trenes y buses, el sistema como dejan el correo afuera de la puerta o del buzón y nadie se lo lleva, el sistema de pago automático en algunos supermercados donde no hay cajeros que cobren, etc. Al final todos los resumo en tres palabras: educación, cultura y respeto.

Por eso, hoy, cuando canto específicamente esa estrofa de la Patriótica, debo admitir que ya no estoy tan de acuerdo con lo que dice. Yo sí envidio los goces de Europa (educación, cultura y respeto), y aunque no cambio por nada la palma, la brisa y el sol de mi bella tierra, sí tengo la sensación que en esas tres áreas estamos retrocediendo en vez de avanzar. Ello con el agravante de que en los últimos tiempos, he topado con más ticos y ticas despreciando a CR, que defendiéndola.

Si a nosotros mismos no nos importa, como decía un conocido personaje latinoamericano: "quién podrá ayudarnos?"

Steffan G.C.

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