La Asamblea Legislativa de Costa Rica da vergüenza... y se queda corta la expresión!!!
No es una casualidad, que de acuerdo con el Latinobarómetro 2008 (y con la misma tendencia desde 1996 cuando se empezó a medir), en Costa Rica sólo el 27% de la población confía en la Asamblea Legislativa (5% menos que el promedio latinoamericano: 32%). Y es que para ejemplos, sólo falta leer La Nación y darse cuenta, cuál Icerberg, de sólo una parte de lo que sucede ahí adentro.
De pronto los medios tendenciosamente cubren sólo aquello que desacredita al Congreso. Esa es una posibilidad que hay que tomar en cuenta. Pero incluso si eso es correcto, lo cierto es que las noticias que salen del Congreso son vergonzosas y no deberían suceder.
Sólo un par de ejemplos en una semana. Hace unos días (martes 8 de septiembre), sale en la nota periodística, que el presidente de la Asamblea Legislativa, diputado Francisco Antonio Pacheco explica que el lunes de esa semana no se pudo sesionar por ausencia de quórum , debido a que "seguramente se les olvidó que había sesión". La razón? Nunca se sesionan los lunes y por ende es probable que a la mayoría de los 57 diputados y diputadas (coincidencia?) se les olvidó la convocatoria a sesión ese lunes. La respuesta no sólo es ridícula, si no una burla a la inteligencia de cualquiera. Acaso los diputados no tienen un séquito de asesores y secretarias personales que les llevan la agenda? Cualquier persona medianamente responsable cuando lee una justificación de esas, no puede más que desacreditar ese tipo de comportamientos del primer poder de la República, y sentirse insultado frente a semejante excusa. Cómo esperan los diputados aumentar el nivel de confianza si se ausentan de sus labores cuando quieren, y aparte de ello, sus justificaciones son irrisorias?
Segundo ejemplo: la famosa ley de tránsito. Bien conocido que por fin (parecía) la Asamblea se talló la faja y aprobó con mano dura la nueva ley de tránsito para tratar de reducir un serio problema social, ocasionado por la anarquía vial en las calles del país. Pero lo que se hizo con la mano se borró casi de inmediato con el codo. Con bombos y platillos la nueva ley de tránsito fue presentada, y sólo unos días después salieron los primeros y graves errores procedimentales. El peor de todos, por dificultar su aplicación, aprobaron el texto final con errores de numeración y coherencia interna en la norma. Por ende no se puede aplicar como se debe. Varias situaciones resaltan de esto: a) queda al descubierto que fue una ley aprobada a la carrera, sin el cuidado ni la responsabilidad que requiere algo tan importante como es el ejercicio de legislar; b) queda al descubierto que la Asamblea no tiene ni la independencia ni la identidad que se requiere porque según ellos, hubo mucha presión de parte de la prensa y otros sectores para sacar la ley pronto, y por ello se aprobó a la carrera; c) queda al descubierto que el control de calidad, y sobre todo, el papel de muchos asesores técnicos no se está cumpliendo.
Como si fuera poco, ahora aprobaron una "tregua" a las multas por seis meses, peloteando este asunto hasta Marzo del 2010. Es decir, muy convenientemente después de las elecciones de Febrero 2010, por aquello de que el tema traiga pérdida de votos para algunos y algunas candidatas. Sin duda alguna, cuando un país antepone los intereses electorales sobre los intereses nacionales, es claro que el resultado dista mucho del óptimo. Es entendible entonces que no haya ni visión de largo plazo, y por ende tampoco planificación ni políticas de estado claras. Lo aprobado (y no aprobado) responde entonces a los vaivenes del amor electoral que hoy pide una cosa y mañana otra, cuál velero echado a la mar sin más rumbo que el del caprichoso viento.
Esto es grave en cualquier ámbito, pero particularmente serio en la institución que debería hacer su trabajo impecable, pues es ahí donde "se pone orden al país". No es casualidad que el Estado de Derecho y nuestro séquito de normas sean incoherentes, de difícil aplicación o simplemente obsoletas, si la misma Asamblea no sabe lo que aprueba. Esa falta de seriedad, rigurosidad y profesionalismo le molesta a cualquiera, pero sobre todo a quienes hacen del trabajo serio y responsable una premisa de vida. Cómo tener un país regido por los mejores criterios éticos y profesionales si "los padres de la patria" nos dan tan pésimo ejemplo?
Por ende no es casualidad que los partidos políticos y el Congreso en toda América Latina, y particularmente en Costa Rica, sean las instituciones con la mayor desconfianza. Y acá recuerdo un famoso pasaje bíblico (a propósito del Estado laico y el también show político-electoral alrededor de eso) particularmente aplicable en tiempos electorales que decía:
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.» (Mt 7,15-20)
Más allá de los creencias religiosas, estas son líneas llenas de sabiduría que deberíamos aplicar en las elecciones de Febrero 2010 y cada vez que se nos presente la oportunidad de elegir a alguien a un puesto de elección popular. Es nuestra tarea reconocer los árboles buenos para obtener buenos frutos. Si hoy cosechamos malos frutos, es precisamente, porque plantamos (elegimos) malos árboles.
La pregunta final (y talvez la más importante) es: Qué tipo de árbol soy yo? pues a final de cuentas, todos estamos en la misma finca...
Steffan G.C.
No es una casualidad, que de acuerdo con el Latinobarómetro 2008 (y con la misma tendencia desde 1996 cuando se empezó a medir), en Costa Rica sólo el 27% de la población confía en la Asamblea Legislativa (5% menos que el promedio latinoamericano: 32%). Y es que para ejemplos, sólo falta leer La Nación y darse cuenta, cuál Icerberg, de sólo una parte de lo que sucede ahí adentro.
De pronto los medios tendenciosamente cubren sólo aquello que desacredita al Congreso. Esa es una posibilidad que hay que tomar en cuenta. Pero incluso si eso es correcto, lo cierto es que las noticias que salen del Congreso son vergonzosas y no deberían suceder.
Sólo un par de ejemplos en una semana. Hace unos días (martes 8 de septiembre), sale en la nota periodística, que el presidente de la Asamblea Legislativa, diputado Francisco Antonio Pacheco explica que el lunes de esa semana no se pudo sesionar por ausencia de quórum , debido a que "seguramente se les olvidó que había sesión". La razón? Nunca se sesionan los lunes y por ende es probable que a la mayoría de los 57 diputados y diputadas (coincidencia?) se les olvidó la convocatoria a sesión ese lunes. La respuesta no sólo es ridícula, si no una burla a la inteligencia de cualquiera. Acaso los diputados no tienen un séquito de asesores y secretarias personales que les llevan la agenda? Cualquier persona medianamente responsable cuando lee una justificación de esas, no puede más que desacreditar ese tipo de comportamientos del primer poder de la República, y sentirse insultado frente a semejante excusa. Cómo esperan los diputados aumentar el nivel de confianza si se ausentan de sus labores cuando quieren, y aparte de ello, sus justificaciones son irrisorias?
Segundo ejemplo: la famosa ley de tránsito. Bien conocido que por fin (parecía) la Asamblea se talló la faja y aprobó con mano dura la nueva ley de tránsito para tratar de reducir un serio problema social, ocasionado por la anarquía vial en las calles del país. Pero lo que se hizo con la mano se borró casi de inmediato con el codo. Con bombos y platillos la nueva ley de tránsito fue presentada, y sólo unos días después salieron los primeros y graves errores procedimentales. El peor de todos, por dificultar su aplicación, aprobaron el texto final con errores de numeración y coherencia interna en la norma. Por ende no se puede aplicar como se debe. Varias situaciones resaltan de esto: a) queda al descubierto que fue una ley aprobada a la carrera, sin el cuidado ni la responsabilidad que requiere algo tan importante como es el ejercicio de legislar; b) queda al descubierto que la Asamblea no tiene ni la independencia ni la identidad que se requiere porque según ellos, hubo mucha presión de parte de la prensa y otros sectores para sacar la ley pronto, y por ello se aprobó a la carrera; c) queda al descubierto que el control de calidad, y sobre todo, el papel de muchos asesores técnicos no se está cumpliendo.
Como si fuera poco, ahora aprobaron una "tregua" a las multas por seis meses, peloteando este asunto hasta Marzo del 2010. Es decir, muy convenientemente después de las elecciones de Febrero 2010, por aquello de que el tema traiga pérdida de votos para algunos y algunas candidatas. Sin duda alguna, cuando un país antepone los intereses electorales sobre los intereses nacionales, es claro que el resultado dista mucho del óptimo. Es entendible entonces que no haya ni visión de largo plazo, y por ende tampoco planificación ni políticas de estado claras. Lo aprobado (y no aprobado) responde entonces a los vaivenes del amor electoral que hoy pide una cosa y mañana otra, cuál velero echado a la mar sin más rumbo que el del caprichoso viento.
Esto es grave en cualquier ámbito, pero particularmente serio en la institución que debería hacer su trabajo impecable, pues es ahí donde "se pone orden al país". No es casualidad que el Estado de Derecho y nuestro séquito de normas sean incoherentes, de difícil aplicación o simplemente obsoletas, si la misma Asamblea no sabe lo que aprueba. Esa falta de seriedad, rigurosidad y profesionalismo le molesta a cualquiera, pero sobre todo a quienes hacen del trabajo serio y responsable una premisa de vida. Cómo tener un país regido por los mejores criterios éticos y profesionales si "los padres de la patria" nos dan tan pésimo ejemplo?
Por ende no es casualidad que los partidos políticos y el Congreso en toda América Latina, y particularmente en Costa Rica, sean las instituciones con la mayor desconfianza. Y acá recuerdo un famoso pasaje bíblico (a propósito del Estado laico y el también show político-electoral alrededor de eso) particularmente aplicable en tiempos electorales que decía:
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.» (Mt 7,15-20)
Más allá de los creencias religiosas, estas son líneas llenas de sabiduría que deberíamos aplicar en las elecciones de Febrero 2010 y cada vez que se nos presente la oportunidad de elegir a alguien a un puesto de elección popular. Es nuestra tarea reconocer los árboles buenos para obtener buenos frutos. Si hoy cosechamos malos frutos, es precisamente, porque plantamos (elegimos) malos árboles.
La pregunta final (y talvez la más importante) es: Qué tipo de árbol soy yo? pues a final de cuentas, todos estamos en la misma finca...
Steffan G.C.
2 comments:
Yo lo que pienso, Teto, es que ya Costa Rica toda (incluidos nosotros que no ocupamos puestos) estamos inoculados contra la crítica y todos nos vale. Por eso yo creo que lo que hace falta en Costa Rica es ridiculizar a diestra y siniestra, con mala saña, toda la miríada de estupideces que acontecen frente a nuestros ojos y de los cuales muchas veces nosotros mismos somos cómplices. Lo que ocupamos no son mejores diputados; lo que ocupamos en un buen comediante...
Crees entonces que no tiene solución mi estimado Tavo?? Tan irreversible ves la situación?
Saludos,
Teto
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